Walter Schloss: cincuenta años levantando piedras

Walter Schloss nunca visitó una empresa. Jamás habló con la directiva. No utilizó un ordenador hasta que se vio obligado a ello. No tenía un MBA, ni título universitario alguno; solo un diploma de secundaria y un curso que tomó con Benjamin Graham en el New York Institute of Finance en 1946.

Durante cuarenta y nueve años, desde 1955 hasta 2003, gestionó una pequeña sociedad de inversión desde una oficina minúscula que compartía con su hijo Edwin. Compraba acciones que cotizaban por debajo de su valor neto contable, esperaba a que el mercado reconociera la discrepancia y vendía. Eso era todo.

Su rentabilidad anual compuesta fue del 15,7%, casi duplicando al S&P 500 durante el mismo periodo.

El método

El enfoque de Schloss era tan sencillo que resultaba incómodo para los demás. Él mismo lo describió en una charla de 1994 titulada "Factores necesarios para ganar dinero en el mercado de valores":

  1. El precio es el factor más importante. Compre por debajo del valor contable.
  2. Intente establecer el valor de la empresa. Recuerde que una acción representa una parte de un negocio.
  3. Use el valor contable como punto de partida. Intente comprar activos con descuento.
  4. Tenga paciencia. Las acciones no suben de inmediato.
  5. No compre basándose en soplos o buscando movimientos rápidos.
  6. Esté dispuesto a mantener una acción durante varios años.
  7. No tenga miedo de ser un solitario. Pero asegúrese de tener razón.

Sin modelos de descuento de flujos de caja (DCF). Sin proyecciones de beneficios. Sin predicciones macroeconómicas. Sin reuniones con directivos. Solo balances auditados y paciencia.

Por qué funcionó

Buffett, en su famoso discurso de 1984 "Los superinversores de Graham-and-Doddsville", incluyó a Schloss como la Prueba A. Señaló que los rendimientos de Schloss no se explicaban por el riesgo, el apalancamiento o la suerte. Se explicaban por un método: comprar billetes de un dólar a cincuenta centavos, diversificar ampliamente y esperar.

La idea clave es que Schloss no necesitaba ser más inteligente que el mercado. Solo necesitaba ser más paciente. Mientras otros inversores perseguían historias de crecimiento e impulsos de mercado, Schloss compraba discretamente lo que nadie quería y esperaba la reversión a la media.

Munger lo describió de esta manera:

Simplemente siguió levantando piedras. Cincuenta años levantando piedras.

El carácter

Lo que hizo a Schloss extraordinario no fueron solo sus rendimientos. Fue su carácter.

Vivía de forma sencilla. Percibía un salario modesto. Cobraba a sus socios mucho menos que el estándar de la industria: sin comisión de gestión, solo el 25% de los beneficios por encima de un umbral del 6%. Cuando cerró la sociedad en 2003, a los 87 años, escribió a sus socios una carta característicamente sobria:

"Siento una gran satisfacción al mirar hacia atrás a los últimos 45 años y medio... Siento que el historial habla por sí mismo".

Sin vueltas de victoria. Sin memorias. Sin giras de conferencias.

Lo que Schloss nos enseña

En una era de trading algorítmico, datos alternativos y análisis impulsado por IA, Schloss nos recuerda algo incómodo: la ventaja competitiva no siempre reside en tener más información. A veces reside en necesitar menos.

Su método requería tres cosas:
- Disciplina para comprar lo que es barato, no lo que es emocionante.
- Patience para esperar años a que el valor sea reconocido.
- Independencia para ignorar lo que todos los demás estaban haciendo.

Estas no son habilidades intelectuales. Son rasgos de carácter. Y son, en palabras de Spinoza, tam difficilia, quam rara sunt — tan difíciles como raros son.

sustine et abstine. Soporta y renuncia. Walter Schloss hizo ambas cosas durante cincuenta años.

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